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Ahmad Friedmann.

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Este artículo se publica en asociación con el New York Times, y está entrecrucado en la página de inicio del Times y en el sitio web.

Cuando un cineasta francés hizo una película porno en 2007, pensó que estaba en algo. Las películas están ambientadas en un club nocturno erótico, donde hay una variedad de artistas, incluyendo mujeres, hombres e incluso perros. Pero el director no pensó que su película sería vista por ninguna mujer, o por cualquier otra gente, para el caso. Unos meses más tarde, aprendió lo contrario. El director, Yves Guillemot, es de Toulouse, una ciudad en el norte de Francia, donde las mujeres no pueden ver las películas en Internet, porque el gobierno francés no lo permite. En su propio país, las películas se pueden ver siempre y cuando se hagan bajo los auspicios de un teatro. El Sr. Guillemot, que ya ha hecho una película pornográfica sobre las prácticas sexuales de los hombres, decidió convertir su porno en una película sobre su propia vida y sus propios deseos.